Durante los últimos años, diferentes investigaciones han empezado a encontrar una relación entre los trastornos del neurodesarrollo —especialmente el trastorno del espectro autista (TEA) y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)— y determinadas alteraciones metabólicas, entre ellas la diabetes tipo 2.
Esta relación resulta especialmente interesante porque obliga a mirar estas condiciones desde una perspectiva más amplia. El cerebro y el metabolismo no funcionan de manera independiente: comparten vías relacionadas con la inflamación, la señalización de la insulina, el estrés oxidativo, la función mitocondrial y, posiblemente, determinados factores genéticos.
Sin embargo, es importante hacer una precisión: encontrar una asociación entre dos enfermedades no significa que una sea necesariamente la causa de la otra. Los estudios actuales apuntan a una relación compleja en la que pueden intervenir factores metabólicos, ambientales, genéticos y conductuales.
¿Existe una relación causal entre diabetes, autismo y TDAH?
Esta es probablemente la cuestión más importante.
La respuesta actualmente es: todavía no podemos afirmarlo de forma general.
Los estudios observacionales pueden encontrar asociaciones, pero estas pueden estar influidas por variables como:
- obesidad;
- alimentación;
- actividad física;
- situación socioeconómica;
- medicación;
- sueño;
- ansiedad y depresión;
- otros trastornos psiquiátricos;
- antecedentes familiares;
- factores genéticos;
- complicaciones durante el embarazo.
Por ejemplo, el metaanálisis sobre TDAH y diabetes tipo 2 encontró una asociación importante, pero el análisis mediante registros de hermanos sugirió que una parte sustancial de esa relación podía explicarse por comorbilidades psiquiátricas.
Por ello, sería incorrecto transformar estos resultados en un mensaje como “el TDAH causa diabetes” o “la diabetes provoca autismo”.
La evidencia disponible es mucho más interesante que eso: apunta a una posible interacción entre metabolismo, cerebro, genética y ambiente.
Una investigación que merece especial atención
En 2024 se publicó además un estudio utilizando una técnica denominada randomización mendeliana, que permite explorar posibles relaciones causales utilizando variantes genéticas como instrumentos.
Los investigadores encontraron señales compatibles con una relación bidireccional entre diabetes tipo 2 y autismo. Sin embargo, algunos de los análisis utilizados para evaluar la relación no mostraron resultados consistentes en todas las pruebas, por lo que los propios autores consideran necesario continuar investigando.
Risk cycling in diabetes and autism spectrum disorder – 2024
Este tipo de investigaciones resulta especialmente relevante porque intenta superar una de las principales limitaciones de los estudios observacionales: determinar si una asociación estadística podría reflejar algún mecanismo causal.
La investigación continúa en 2026
Los resultados más recientes muestran que estamos ante un campo de investigación en expansión.
Un estudio publicado en 2026 analizó específicamente a 80.607 adultos con diabetes tipo 2, de los cuales 1.204 tenían diagnóstico de TDAH.
Las personas con TDAH presentaban diabetes tipo 2 a una edad más joven y, en el momento del diagnóstico, tenían un IMC y unos niveles de triglicéridos ligeramente superiores, además de una mayor prevalencia de tabaquismo.
Sin embargo, durante los cinco años posteriores al diagnóstico las diferencias metabólicas fueron relativamente pequeñas.
ADHD and cardiometabolic risk profile in adults with type 2 diabetes – 2026
Este estudio aporta otra perspectiva: no solamente interesa saber si existe una mayor frecuencia de diabetes tipo 2 en personas con TDAH, sino también si el TDAH identifica un subgrupo de pacientes que puede presentar determinados perfiles de riesgo cardiometabólico.
¿Qué podemos concluir?
La evidencia científica acumulada durante los últimos años permite plantear una conclusión prudente pero interesante.
El autismo, el TDAH y la diabetes tipo 2 aparecen asociados en diferentes estudios poblacionales y metaanálisis, pero la naturaleza exacta de esta relación todavía no está completamente definida.
En algunos casos puede existir una combinación de factores genéticos y metabólicos compartidos. En otros, pueden intervenir factores relacionados con el sueño, la alimentación, la actividad física, la salud mental, la medicación o las condiciones socioeconómicas.
Además, existe una línea de investigación especialmente relevante relacionada con la diabetes materna y el desarrollo neurológico durante el embarazo.
Todo ello refuerza una idea cada vez más presente en la investigación biomédica: el metabolismo y el cerebro están mucho más conectados de lo que tradicionalmente se ha considerado.
Comprender esa conexión puede ayudar en el futuro a identificar antes determinados factores de riesgo y a desarrollar estrategias de prevención más personalizadas.
Pero todavía queda una pregunta fundamental por responder: ¿qué parte de esta asociación se debe a factores ambientales, qué parte a mecanismos metabólicos y qué parte a nuestra propia genética?
La nutrigenómica y la medicina de precisión pueden contribuir precisamente a investigar esta interacción entre genética, metabolismo y ambiente, aunque todavía son necesarios muchos más estudios antes de convertir estas asociaciones en recomendaciones clínicas individualizadas.
- Fecha: 13/10/26
- Foto: Pixabay
- Nota: El Instituto de Nutrigenómica no es responsable de las opiniones expresadas en este artículo.