Los niveles de hemoglobina podrían aportar pistas sobre el riesgo de desarrollar demencia años antes de su diagnóstico. Una investigación realizada en más de 316.000 adultos ha encontrado una asociación entre los valores bajos y altos de esta proteína sanguínea y la aparición posterior de distintos tipos de demencia. Otros estudios respaldan esta relación y apuntan a la importancia de la oxigenación, la salud vascular y el estado general del organismo.
Una analítica habitual podría ofrecer información sobre el riesgo de demencia
La prevención de las enfermedades neurodegenerativas constituye uno de los grandes retos de la medicina actual. Enfermedades como el alzhéimer pueden desarrollar cambios biológicos durante años antes de que aparezcan síntomas evidentes, lo que hace especialmente interesante investigar herramientas que permitan identificar señales tempranas de riesgo.
En este contexto, un estudio publicado en 2026 en el Journal of Alzheimer’s Disease ha analizado la relación entre los niveles de hemoglobina y el riesgo de desarrollar demencia a largo plazo.
La hemoglobina es una proteína presente en los glóbulos rojos cuya función principal consiste en transportar oxígeno desde los pulmones hasta los tejidos. Su concentración se mide habitualmente mediante un hemograma, una de las pruebas más comunes en los reconocimientos médicos y las consultas de atención primaria.
La investigación incluyó a 316.542 adultos de Corea del Sur, de 40 años o más, que se sometieron a un examen médico entre 2004 y 2005. Posteriormente, los investigadores utilizaron registros sanitarios para identificar nuevos diagnósticos de demencia durante un seguimiento de hasta 15 años.
Los resultados mostraron que la relación entre hemoglobina y demencia no seguía necesariamente un patrón lineal: tanto los niveles bajos como los elevados se asociaban con un mayor riesgo en determinadas categorías de la enfermedad.
En comparación con el grupo de referencia, las personas situadas en el quintil inferior de hemoglobina presentaron un riesgo relativo un 16 % mayor de demencia por cualquier causa. En el quintil superior, el incremento fue del 7 %.
Al analizar los distintos diagnósticos, los investigadores observaron diferencias importantes:
- Enfermedad de Alzheimer: los niveles más bajos de hemoglobina se asociaron con un riesgo un 14 % mayor.
- Demencia vascular: el quintil inferior presentó un riesgo un 19 % mayor, mientras que el quintil superior mostró un incremento del 18 %.
- Diferencias por sexo: las asociaciones fueron más claras y consistentes en las mujeres que en los hombres.
Estos resultados sugieren que un parámetro sanguíneo sencillo puede contener información relevante sobre la salud futura, aunque no permite predecir por sí solo quién desarrollará demencia.
Estudio original: The association between hemoglobin level and risk of developing dementia — Journal of Alzheimer’s Disease, 2026.
¿Por qué podría influir la hemoglobina en la salud cerebral?
El cerebro necesita un suministro continuo de oxígeno para mantener su actividad. Aunque representa una proporción relativamente pequeña del peso corporal, consume una cantidad importante del oxígeno disponible en el organismo.
Por este motivo, las alteraciones que afectan al transporte de oxígeno, a la circulación sanguínea o al funcionamiento de los vasos cerebrales pueden tener consecuencias sobre el tejido nervioso.
- Hemoglobina baja: menos capacidad de transportar oxígeno
La anemia se caracteriza por una concentración insuficiente de hemoglobina para las necesidades del organismo. Puede aparecer por distintas causas, entre ellas la deficiencia de hierro, la falta de vitamina B12 o folato, las enfermedades renales, la inflamación crónica o determinadas pérdidas de sangre.
Cuando la hemoglobina disminuye, la capacidad de transporte de oxígeno puede reducirse. El organismo dispone de mecanismos compensatorios, pero en situaciones de anemia importante o persistente puede verse comprometido el funcionamiento de diferentes órganos, incluido el cerebro.
Además, la anemia puede coexistir con otros factores que afectan a la salud cognitiva, como la fragilidad, la malnutrición o las enfermedades crónicas.
Esto no significa que cualquier valor bajo de hemoglobina provoque deterioro cognitivo, sino que constituye una alteración que conviene estudiar para identificar su origen y sus posibles consecuencias.
- Hemoglobina elevada: tampoco siempre es mejor
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que los niveles elevados también se asociaron con un mayor riesgo de demencia vascular.
Una concentración alta de hemoglobina puede deberse a deshidratación, tabaquismo, enfermedades pulmonares o cardíacas y determinados trastornos que aumentan la producción de glóbulos rojos.
En algunas circunstancias, el incremento del hematocrito y de la viscosidad sanguínea puede dificultar la circulación y contribuir al riesgo de complicaciones vasculares. No obstante, una hemoglobina elevada no implica necesariamente que la sangre presente una viscosidad anormal ni que exista un problema vascular.
La interpretación depende de la causa, de la magnitud de la alteración y de otros parámetros clínicos.
Por tanto, los resultados apuntan a que mantener un equilibrio fisiológico adecuado es más importante que intentar aumentar o disminuir la hemoglobina sin una indicación médica.
Otros estudios científicos que refuerzan esta relación
La investigación de 2026 se suma a una línea de evidencia que lleva años estudiando la asociación entre anemia, parámetros hematológicos y deterioro cognitivo.
Estudio 1. Más de 313.000 participantes y una asociación con la demencia
En 2023, un estudio publicado en Alzheimer’s & Dementia analizó los datos de 313.448 participantes del UK Biobank para investigar la relación entre distintos índices de las células sanguíneas y el desarrollo de demencia.
Durante un seguimiento medio de aproximadamente nueve años, 6.833 participantes desarrollaron demencia.
Los investigadores encontraron que la anemia se asociaba con un riesgo un 56 % mayor de desarrollar demencia por cualquier causa. También observaron asociaciones entre diferentes parámetros hematológicos y la aparición de demencia, además de relaciones entre algunos de estos indicadores y características estructurales del cerebro.
El estudio incluyó análisis genéticos mediante aleatorización mendeliana, que pueden ayudar a explorar si determinadas asociaciones son compatibles con una relación causal. Los autores encontraron resultados compatibles con un posible efecto causal de la hemoglobina y la amplitud de distribución de los glóbulos rojos sobre el riesgo de alzhéimer.
Sin embargo, estos análisis no eliminan todas las incertidumbres ni demuestran que modificar artificialmente la hemoglobina prevenga la enfermedad.
Referencia: Qiang et al. (2023). Associations of blood cell indices and anemia with risk of incident dementia: A prospective cohort study.
Estudio 2. Más de 12.000 personas seguidas durante doce años
Otra investigación, publicada en 2019 y basada en el Rotterdam Study, examinó a 12.305 personas sin demencia al inicio del seguimiento.
Durante una media de 12,1 años, 1.520 participantes desarrollaron demencia, incluidos 1.194 casos de alzhéimer.
Los investigadores encontraron una relación en forma de U: tanto las concentraciones bajas como las altas de hemoglobina se asociaban con un mayor riesgo de demencia.
En comparación con el quintil intermedio, el quintil más bajo presentó un riesgo un 29 % mayor, mientras que el más alto mostró un incremento aproximado del 20 %.
Además, el estudio incluyó pruebas de resonancia magnética cerebral en una parte de los participantes. Los resultados relacionaron los niveles de hemoglobina con determinadas características de la sustancia blanca, la conectividad estructural y la perfusión cerebral.
Estos hallazgos aportan una posible explicación biológica para la asociación observada, aunque no establecen por sí mismos el mecanismo responsable.
Referencia: Hemoglobin and anemia in relation to dementia risk and accompanying changes on brain MRI.
Estudio 3. Una revisión de 20 investigaciones sobre anemia y deterioro cognitivo
En 2021 se publicó una revisión sistemática con metaanálisis que reunió 20 estudios sobre anemia y deterioro cognitivo.
Los autores encontraron que la anemia se asociaba con un riesgo relativo ajustado un 39 % mayor de deterioro cognitivo general. En los análisis específicos, la asociación correspondía a un riesgo un 39 % mayor de demencia por cualquier causa y un 59 % mayor de enfermedad de Alzheimer.
Estas cifras representan asociaciones combinadas de estudios observacionales y no deben interpretarse como una predicción individual. También pueden estar influidas por diferencias entre poblaciones, causas de anemia y factores de confusión.
Aun así, la revisión refuerza la idea de que las alteraciones hematológicas merecen atención cuando se evalúa la salud de las personas mayores.
Referencia: Kung et al. (2021). Anemia and the Risk of Cognitive Impairment: An Updated Systematic Review and Meta-Analysis.
Estudio 4. La anemia y la enfermedad de Alzheimer
Una investigación prospectiva publicada en 2011 examinó a 881 personas mayores que no presentaban demencia al inicio.
Durante un seguimiento medio de 3,3 años, 113 participantes desarrollaron alzhéimer. Los resultados mostraron una relación no lineal entre hemoglobina y enfermedad, con mayor riesgo tanto en personas con anemia como en aquellas con valores clínicamente elevados.
Los participantes con anemia presentaron un riesgo de desarrollar alzhéimer aproximadamente un 60 % superior al de quienes tenían concentraciones normales.
Aunque el tamaño de la muestra fue mucho menor que en los estudios más recientes, los resultados ya apuntaban a que la relación entre hemoglobina y salud cognitiva podía ser más compleja de lo que sugeriría una asociación exclusiva con los valores bajos.
Referencia: Hemoglobin level in older persons and incident Alzheimer disease: prospective cohort analysis.
¿Podría utilizarse la hemoglobina para anticiparse a la demencia?
La principal ventaja de este posible marcador es su accesibilidad. A diferencia de algunas pruebas especializadas para investigar enfermedades neurodegenerativas, la hemoglobina forma parte de un análisis económico y ampliamente disponible.
Si futuros estudios confirman su utilidad predictiva, este parámetro podría incorporarse a modelos que combinen información de las analíticas, antecedentes clínicos, edad, factores vasculares y otros indicadores de salud.
No obstante, es importante distinguir tres conceptos:
- Biomarcador de riesgo: un indicador asociado estadísticamente con una mayor probabilidad de desarrollar una enfermedad.
- Biomarcador diagnóstico: una prueba que ayuda a determinar si una enfermedad o proceso biológico está presente.
- Biomarcador predictivo individual: una herramienta validada que permite estimar el riesgo de una persona con suficiente precisión para orientar decisiones clínicas.
La hemoglobina estudiada en este contexto es, por ahora, un indicador asociado al riesgo. No es una prueba diagnóstica de alzhéimer ni permite establecer con precisión quién desarrollará demencia.
Además, el estudio coreano fue observacional y se realizó en una población concreta. Antes de trasladar sus resultados a otros países y grupos de población, será necesario comprobar su reproducibilidad y determinar si añade información útil a los modelos de riesgo existentes.
¿Qué podemos hacer con esta información?
La conclusión práctica no es que debamos modificar nuestros niveles de hemoglobina para prevenir la demencia, sino que conviene prestar atención a las alteraciones analíticas y buscar su causa cuando corresponda.
Una anemia puede requerir investigar el estado del hierro, la vitamina B12, el folato, la función renal, la inflamación o posibles pérdidas de sangre, según las características de cada persona.
Del mismo modo, una hemoglobina elevada debe interpretarse teniendo en cuenta la hidratación, el tabaquismo, las enfermedades respiratorias y otros factores clínicos.
No se recomienda tomar hierro, vitamina B12 ni otros suplementos con el objetivo de elevar la hemoglobina o prevenir la demencia sin haber identificado una indicación concreta. Tampoco debe intentarse reducir una hemoglobina elevada sin valoración médica.
Desde una perspectiva más amplia, la salud cerebral depende de múltiples factores, entre ellos la salud cardiovascular, la actividad física, la alimentación, el sueño, la audición, las relaciones sociales y el control de los factores de riesgo vascular.
Conclusión: una señal sencilla que merece más investigación
La investigación sobre hemoglobina y demencia pone de relieve una cuestión importante: los análisis de sangre habituales pueden contener información que va más allá de la detección inmediata de anemia u otras alteraciones.
Los estudios disponibles encuentran asociaciones entre los niveles bajos y altos de hemoglobina y un mayor riesgo de deterioro cognitivo o demencia. Además, algunas investigaciones relacionan estos parámetros con cambios en la estructura y la circulación sanguínea cerebral.
Sin embargo, todavía no sabemos hasta qué punto la hemoglobina mejora la predicción individual, qué mecanismos explican la relación ni si corregir una alteración concreta modifica el riesgo futuro de demencia.
El siguiente paso será desarrollar y validar modelos que integren estos datos con otros marcadores biológicos y factores clínicos para identificar mejor a las personas que podrían beneficiarse de una evaluación más completa.
La idea fundamental es que una analítica rutinaria puede ofrecer pistas valiosas sobre la salud futura, pero su verdadero potencial depende de interpretarla correctamente y de confirmar qué utilidad tiene para prevenir o detectar enfermedades.
Estudios originales para enlazar al final del artículo
- Hemoglobina y riesgo de demencia: estudio de 2026
- Índices de las células sanguíneas y riesgo de demencia: cohorte de 313.448 participantes (2023)
- Hemoglobina, anemia y cambios cerebrales en resonancia magnética (2019)
- Metaanálisis de anemia y deterioro cognitivo (2021)
- Hemoglobina y aparición de alzhéimer: estudio prospectivo (2011)
- Fecha: 19/10/26
- Foto: Pixabay
- Nota: El Instituto de Nutrigenómica no es responsable de las opiniones expresadas en este artículo.