La kombucha se ha convertido en una de las bebidas fermentadas más populares de los últimos años. Se encuentra cada vez con más facilidad en supermercados y tiendas especializadas y se ha asociado a numerosos beneficios potenciales: desde una mejor salud intestinal hasta efectos sobre el metabolismo, la inflamación o incluso el estrés.
¿Significa todo esto que la kombucha no sirve para nada?
No.
Sería una conclusión tan exagerada como afirmar que la kombucha es una bebida milagrosa.
La evidencia disponible indica que la kombucha contiene diferentes compuestos generados durante la fermentación y que su consumo puede producir determinadas modificaciones en parámetros metabólicos y en la composición de la microbiota.
Lo que todavía no está suficientemente demostrado es qué importancia clínica tienen esos cambios y si se traducen en beneficios relevantes para la salud a largo plazo.
La ciencia está pasando precisamente de las hipótesis y los estudios de laboratorio a ensayos controlados realizados en personas.
Y eso es una buena noticia.
El problema de convertir un alimento en un «superalimento»
La historia de la nutrición está llena de alimentos que, después de despertar un enorme interés, terminan demostrando tener efectos mucho más modestos de lo que inicialmente se había anunciado.
Con la kombucha debemos evitar el mismo error.
Una bebida fermentada puede formar parte de una alimentación saludable, pero eso no significa que tenga propiedades terapéuticas demostradas.
Además, hay que prestar atención a la composición del producto. Algunas kombuchas comerciales contienen cantidades apreciables de azúcar, por lo que no todas son nutricionalmente equivalentes.
El contexto de la dieta completa sigue siendo mucho más importante que el consumo aislado de un único alimento o bebida.
La microbiota puede ser una de las claves
Quizá uno de los aspectos más interesantes de la investigación futura sea precisamente la interacción entre kombucha, microbiota intestinal y metabolismo.
Los estudios realizados hasta ahora sugieren que la bebida puede modificar determinados microorganismos y metabolitos intestinales, pero todavía necesitamos comprender mejor qué personas responden a ella, qué microorganismos son relevantes y qué consecuencias tienen esas modificaciones.
Y aquí aparece una cuestión fundamental de la nutrición personalizada:
¿Es posible que un alimento fermentado produzca efectos diferentes dependiendo de la microbiota que tenga cada persona antes de consumirlo?
Es una hipótesis científicamente interesante.
La composición inicial de la microbiota varía considerablemente entre individuos y puede estar condicionada por factores como la alimentación habitual, la edad, el estilo de vida, los medicamentos y otros factores ambientales.
Por ello, no sería extraño que en el futuro la investigación descubriera que determinados alimentos fermentados producen respuestas diferentes dependiendo del ecosistema intestinal de cada individuo.
Pero esta posibilidad todavía necesita ser demostrada mediante estudios específicamente diseñados para responder a esa pregunta.
¿Qué podemos concluir actualmente?
La evidencia disponible permite situar la kombucha en un punto intermedio entre dos extremos.
Por un lado, no existen pruebas suficientes para considerarla una bebida milagrosa capaz de prevenir o tratar enfermedades.
Por otro, tampoco sería correcto afirmar que no tiene ningún efecto biológico.
Los estudios realizados en humanos muestran que el consumo de kombucha puede modificar determinados metabolitos y algunos componentes de la microbiota, mientras que otros ensayos han observado cambios en determinados marcadores metabólicos.
Sin embargo, los estudios son todavía relativamente pequeños, de duración limitada y utilizan productos cuya composición puede variar considerablemente.
Por tanto, necesitamos ensayos clínicos más grandes, con intervenciones más prolongadas y productos perfectamente caracterizados.
La kombucha es un buen ejemplo de cómo funciona la ciencia nutricional
Quizá la principal lección que podemos extraer de esta investigación no tenga que ver exclusivamente con la kombucha.
Nos recuerda que existe una gran diferencia entre:
«este alimento contiene determinados compuestos que podrían tener efectos beneficiosos»
y
«se ha demostrado que consumir este alimento mejora nuestra salud».
Entre ambas afirmaciones existe todo un proceso de investigación científica.
En el caso de la kombucha, ese proceso ya está en marcha.
Los primeros resultados son interesantes, especialmente en relación con la microbiota y determinados parámetros metabólicos, pero todavía queda mucho por descubrir.
Y precisamente por eso, más que preguntarnos si la kombucha es simplemente «buena» o «mala», quizá la pregunta científicamente más interesante sea:
¿para quién, en qué cantidad, qué tipo de kombucha y en qué contexto dietético podría resultar beneficiosa?
La respuesta a estas preguntas podría acercarnos a una nutrición cada vez más personalizada, en la que no solo importe qué alimento consumimos, sino también cómo responde nuestro organismo a él.
Fuentes principales: el nuevo ensayo de 8 semanas de la Universidad de Aberystwyth, el ensayo de Scientific Reports sobre microbiota y el ensayo clínico de 2026 sobre kombucha de té verde y marcadores cardiometabólicos.
Claro. Para que en el artículo no aparezca La Razón como fuente, lo mejor es enlazar directamente los trabajos científicos y, cuando sea posible, PubMed, la revista científica o el repositorio del estudio.
Estudios principales sobre kombucha
- Estudio de 2026 sobre kombucha, metabolismo y respuesta al estrés
El estudio realizado por investigadores de la Universidad de Aberystwyth. El trabajo encontró modificaciones en determinados metabolitos, pero no evidenció una mejora clara de la respuesta al estrés. La propia universidad explica que los resultados metabólicos ya han sido publicados en una revista científica. (Universidad de Aberystwyth)
Universidad de Aberystwyth – información sobre el estudio - Kombucha y microbiota intestinal – ensayo clínico de 8 semanas
Ecklu-Mensah et al. estudiaron los efectos de la kombucha sobre la microbiota intestinal y diferentes marcadores metabólicos en adultos sanos. Encontraron modificaciones modestas en la composición de la microbiota, pero no diferencias claras entre grupos en los marcadores bioquímicos e inflamatorios. El trabajo está disponible como preprint en medRxiv. (MedRxiv)
Estudio completo – medRxiv - Kombucha de té verde, inflamación y microbiota oral
Este ensayo clínico aleatorizado estudió durante 10 semanas a 59 personas con exceso de peso. Ambos grupos perdieron peso, pero no hubo diferencias entre el grupo que tomó kombucha y el grupo control en peso, IMC o grasa corporal. Se observaron algunos cambios en determinados marcadores inflamatorios y en el índice de acumulación lipídica. (PubMed)
PubMed – Green Tea Kombucha Impacts Inflammation and Salivary Microbiota - Kombucha de té verde y marcadores cardiometabólicos – 2026
Ensayo clínico aleatorizado en 59 personas con exceso de peso, durante 10 semanas. Comparó una dieta con restricción energética frente a la misma dieta añadiendo 200 ml diarios de kombucha de té verde. (PubMed)
PubMed – Effect of Green Tea Kombucha Within an Energy-Restricted Diet - Kombucha y glucemia en personas con diabetes tipo 2
Este es especialmente interesante. Es un pequeño ensayo clínico aleatorizado, doble ciego y cruzado con 12 participantes. Después de cuatro semanas de consumo de kombucha se observó una reducción de la glucemia en ayunas respecto al valor inicial, mientras que el placebo no mostró una reducción estadísticamente significativa. Los propios autores señalan que el reducido tamaño de la muestra obliga a realizar estudios mayores. (Frontiers)
Frontiers in Nutrition – Kombucha tea as an anti-hyperglycemic agent in humans with diabetes
Fecha: 28/09/26
Foto: Pixabay
Nota: El Instituto de Nutrigenómica no es responsable de las opiniones expresadas en este artículo.