Durante años, la relación entre la menopausia, los estrógenos y la salud cerebral ha generado una enorme controversia. Ahora, una investigación publicada en NeuroImage vuelve a poner el foco sobre una cuestión especialmente relevante: ¿podría la exposición a hormonas ováricas a lo largo de la vida estar relacionada con una mejor conservación de determinadas estructuras cerebrales?
Los resultados son interesantes, pero requieren una lectura cuidadosa. El estudio no demuestra que la terapia hormonal sea un tratamiento contra el deterioro cognitivo o el Alzheimer. Lo que muestra es una asociación entre la exposición a hormonas ováricas y determinadas características de la anatomía cerebral en mujeres mayores. (ScienceDirect)
Un cerebro femenino especialmente sensible a los cambios hormonales
Los estrógenos no actúan únicamente sobre el aparato reproductor. Sus receptores están distribuidos por distintas regiones del cerebro y estas hormonas participan en procesos relacionados con la plasticidad neuronal, las conexiones entre neuronas, el metabolismo cerebral y otros mecanismos implicados en el mantenimiento de la función cerebral.
Por eso, la caída de los niveles de estrógenos durante la transición menopáusica ha despertado interés entre los investigadores que estudian el envejecimiento cerebral y la enfermedad de Alzheimer.
La hipótesis que está cobrando fuerza no sostiene simplemente que «más estrógeno es mejor». Es bastante más compleja: el momento de la vida en el que existe exposición a los estrógenos, su duración, el tipo de hormona y la vía de administración podrían modificar sus efectos.
Esta idea se conoce como la hipótesis de la «ventana crítica» o critical window hypothesis.
El nuevo estudio: qué encontraron los investigadores
El trabajo publicado en NeuroImage analizó a 459 mujeres de entre 65 y 80 años participantes en el estudio IGNITE. Los investigadores estudiaron mediante resonancia magnética la estructura cerebral y la relacionaron con la historia hormonal de las participantes, incluyendo el uso de anticonceptivos hormonales y de terapia hormonal para la menopausia. (ScienceDirect)
Los resultados apuntaron a que determinadas formas de exposición hormonal a lo largo de la vida estaban relacionadas con características estructurales cerebrales compatibles con un envejecimiento cerebral más preservado.
En particular, las mujeres que habían utilizado anticonceptivos hormonales presentaban mayores volúmenes de materia gris en determinadas regiones temporales, occipitales y frontales. Una mayor duración del uso se relacionó además con un mayor volumen en regiones como el giro fusiforme y áreas parahipocampales. (ScienceDirect)
También se observaron asociaciones entre la exposición combinada a anticonceptivos hormonales y terapia hormonal menopáusica y un mayor volumen en determinadas regiones parietales y temporales, así como un mayor grosor cortical en algunas áreas.
Sin embargo, hay un dato especialmente importante: el momento de inicio de la terapia hormonal menopáusica no mostró una relación lineal significativa con el volumen de materia gris o el grosor cortical en este estudio. (ScienceDirect)
Por tanto, sería incorrecto resumir los resultados diciendo que «la terapia hormonal protege el cerebro». El hallazgo es más limitado y, al mismo tiempo, más interesante: determinadas exposiciones hormonales a lo largo de la vida aparecen asociadas con diferencias en la estructura cerebral décadas después.
La gran pregunta: ¿estructura cerebral significa menor riesgo de Alzheimer?
No necesariamente.
El hipocampo, el lóbulo temporal medial y otras regiones estudiadas están relacionadas con la memoria y son especialmente relevantes en el Alzheimer. Pero encontrar un mayor volumen o un mayor grosor cortical no equivale a demostrar que una persona tendrá menos probabilidades de desarrollar demencia.
Esta distinción es fundamental.
El estudio de 2026 es observacional y utiliza información retrospectiva sobre la exposición hormonal. Por tanto, no permite establecer una relación causal. Las mujeres que utilizaron terapia hormonal pueden diferir de las que no la utilizaron en numerosos aspectos: estado cardiovascular, nivel socioeconómico, acceso a la atención sanitaria, actividad física, antecedentes reproductivos y otros factores que también pueden influir en el envejecimiento cerebral. Los propios autores señalan estas limitaciones. (ScienceDirect)
Una revisión de 2026 añade una pieza importante: el momento y la vía de administración
Otra investigación publicada en 2026 ha analizado específicamente los estudios de resonancia magnética sobre terapia hormonal menopáusica y estructura cerebral.
La revisión, que incluyó 24 estudios de neuroimagen, encontró resultados heterogéneos, pero identificó un patrón relevante: los resultados negativos parecían concentrarse especialmente en investigaciones en las que la terapia se iniciaba mucho tiempo después de la menopausia o se utilizaban estrógenos equinos conjugados por vía oral.
En cambio, cuando los estudios tenían en cuenta el momento de inicio o analizaban estradiol transdérmico, los resultados eran predominantemente neutros o mostraban efectos positivos localizados. (PubMed)
Esto refuerza una idea cada vez más importante: hablar de «terapia hormonal» como si todos los tratamientos fueran iguales puede resultar demasiado simplista.
No es lo mismo:
- comenzar el tratamiento alrededor de la menopausia que muchos años después;
- utilizar estradiol transdérmico que determinados estrógenos orales;
- utilizar estrógenos solos que combinarlos con un progestágeno;
- estudiar síntomas menopáusicos que intentar prevenir una enfermedad neurodegenerativa.
Todos estos factores pueden modificar el balance entre beneficios y riesgos.
- Fecha: 17/08/26
- Foto: Pixabay
- Nota: El Instituto de Nutrigenómica no es responsable de las opiniones expresadas en este artículo.